sufismo


El sufismo y el cuento del burro

En principio podríamos decir que en el sufismo es apropiado el uso del  “ismo”, esta es una construcción occidental. Podríamos decir que es una “forma de ser” que no pretende conformar


ninguna filosofía, ni tampoco dogma alguno, no intenta explicar la realidad más bien  todo lo contrario, intenta poner en evidencia que lo obvio, lo aprendido está lejos de ser una realidad. Surge en el mundo musulmán, alrededor del siglo VII, entretejido entre los dogmas del Islam pero  tomando distancia paulatinamente frente a las inconsistencias del dogma. No es tampoco una doctrina ya que esta pretende dar una explicación acabada de la realidad, y el sufismo, más bien, desconfía de la realidad.

“vivimos en un sueño del que a veces despertamos” …dicen.  Para el sufismo los condicionamientos sociales y culturales, los mandatos institucionales, “lo lógico y natural” nos sumergen en un mundo de ensueño, en el que creemos estar despiertos. Sueño del que solo despertamos cuando el éxtasis de la existencia nos deja anonadados.

Hace catorce  siglos el sufismo ya planteaba la muerte del sujeto, no en esos términos, claro, pero si negando la posibilidad de un sujeto que explique, que dé cuenta de una realidad externa a él, sujeto y objeto son parte de una misma realidad, que se debela justamente cuando uno se acerca a ella, sin explicarla, sin dogmas, sin racionalidad, sin filosofía. Esto, podríamos decir es una “visión” de la existencia que los sufís denominan Tasawwut.

El método de enseñanza, es la narración de historias, muy efectivo y milenario, está presente en las parábolas del Evangelio de Jesus, en el Talmut, en el Baghavad Gita, en las gatas de Zoroastro, el Corán, o más recientemente en el espectacular aparato ideológico doctrinario de Hollywood.

La diferencia sustancial en los cuentos sufís es que estos trabajan con el absurdo, cuestiones que nos saquen de foco, que rompan la ensoñación para mostrarnos “la existencia” que nos deja perplejos.  Del análisis de estas narraciones, hechas por expertos semiólogos, se desprenden más de siete niveles, el primero es generalmente ridículo o divertido, por esto suelen ser populares e impactar en la memoria. Pero al recordarlos estos relatos, transcurrido un largo tiempo y aplicarse con una lacerante dureza a un evento presente, nos damos cuenta de su Meta mensaje y comprobamos de manera profunda su sabiduría. 

El cuento del burro:

Nasreddin es un prestigioso Mulá (mullah o mollah, del persa mollā y éste del árabe mawlà, significa sabio o maestro) que junto a su burro residen en Aksehir, y habitualmente suelen ser consultados por sus habitantes. Un día una joven muy bella fue a consultar al Mulá respecto de la felicidad y la “existencia”. El mulá, impactado por tanta belleza, advirtió a la muchacha que su belleza era efímera y que si quería tener una felicidad prolongada, debía incorporar a esa incomparable belleza la sabiduría.

La joven sin dudarlo, pregunto al mulá cuál era el secreto de la sabiduría, el mulá, luego de meditar unos minutos respondió:

-          ¡debes pasar una noche entera yaciendo con este burro!

La joven asustada respondió:

-          Pero mula!!! Soy muy joven y aún virgen!!!  Ese animal es muy grande y feo, que otra cosa puedo hacer??? No quiero dejar de ser feliz cuando pierda mi belleza!!!

El Mulá con rostro inmutable y circunspecto dijo:

-          Está bien, por ser una criatura tan bella y frágil, podrás yacer conmigo esta noche!!

La joven: ¡! Gracias Mulá es usted tan generoso!!

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