Presentación XII Encuentro de Hermenéutica Aplicada

XII Encuentro de Hermenéutica Aplicada
Universidad Nacional de la Patagonia Austral

Río Gallegos 24, 25 y 26 de octubre de 2013
Cine y pensamiento
Los Cybors y la muerte del sujeto.

Adicción y alienación son conceptos cada vez más asociados a las Redes Sociales y a la dependencia tecnológica. El sujeto contemporáneo vive en un entorno artificial que lo enajena de la materialidad cotidiana y hasta de su propio cuerpo.
Vivir en una virtualidad real  lleva a pensar que efectivamente estamos  en una nueva era. Nietzsche anuncio que Dios había muerto. Foucault, por su parte, sentenció la muerte del sujeto. Actualmente percibimos  que algo más ha muerto.
Definitivamente sentimos que algo ha cambiado, abandonamos nuestro cuerpo y somos Red Virtual. La conciencia de la cuarta herida narcisista  nos lleva a ampliar el recorte de nuestro objeto de estudio y cuestionarnos la validez de la era de la POSHUMANIDAD.
Pero, ¿cómo pensar este fenómeno sin caer en ideologismos o en la trillada corriente de los nuevos filósofos posmodernos, tan funcionales al pensamiento neoliberal, que naturaliza su poder precisamente en el dominio de la hipermedia?  Comunicadores, casi críticos, que desde la hegemonía mediática difunden con resignación y a veces incluso con entusiasmo la tan mentada globalización que diluye fronteras y avasalla identidades locales convirtiendo el planeta en un monocromo cultural estratificado, que detrás de las banderas de “libertad” e “igualdad de derechos” se parece más a un feudo planetario que a una civilización más justa.
No corren buenos tiempos para la  racionalidad, hasta en el imperturbable campo de la lógica, irrumpe con Gödel en 1931, el concepto de indecidibilidad:
“no podemos enunciar sistemas lógicos de una cierta complejidad (aritmética elemental) que sean totalmente coherentes y completos, ya que  siempre contendrán proposiciones indecidibles, aquellas que no podremos decir si son verdaderas o falsas”.
Pero a pesar de ello, en nuestra infatigable condición de sujetos cognoscentes, con la dialéctica como método, hija del materialismo histórico del siglo XIX, y con el desarrollo de la ciencia y la tecnología del siglo XX, que refundaron los paradigmas de las ciencias sociales, tenemos un conjunto de instrumentos teóricos para intentar reflexionar, desde un pensamiento nacional, este siglo XXI.
Estos nos permiten reflexionar, ya no desde una visión fenomenológica tradicional, ni analizando pares antagónicos como naturaleza-cultura o tecnología- humanidad sino desde una visión verdaderamente integradora, holística, sistémica donde podemos interpretar  la técnica como obra de la inteligencia humana, que fue complementando al hombre y construyendo la esencia de su condición humana.  Un nuevo espacio donde la técnica fue desarrollando “prótesis” que, en un proceso complejo (“Aufhgebun”), transformaron el hábitat, el sujeto y  la sociedad.
De alguna manera desde la invención de la cuchara como extensión de su mano, el hombre inicio su camino al ciborg. Pudo producir alimentos que le permitieron el desarrollo de su cerebro, elaborar vestimenta como extensión de su piel, que le permitió moverse a otras regiones y transformar el entorno natural, en un mundo artificial, simbólico, intangible que lo contiene. Y también ciertamente,  lo hace dependiente y lo estructura.
Siempre la técnica elaboró prótesis que liberaron y potenciaron la actividad humana. Hablamos del hombre de la prehistoria -la edad de piedra, y los metales- marcando la evolución histórica de la especie humana a partir de los elementos naturales que el hombre pudo manejar con la técnica. Separamos historia de prehistoria a partir de una tecnología “la escritura”. Más recientemente aludimos al mundo moderno a partir de la maquinación y el uso de la energía.
En la actualidad, algunos autores hablan de la poshumanidad, en relación a la fusión hombre-máquina, e incorporan un nuevo par dialéctico donde el hombre perdería su “humanidad”, desplazado por la tecnología.
La relación del hombre con su obra no es un fenómeno nuevo, es aquello que hace precisamente a su condición humana y la alienación es un emergente complejo como consecuencia de la vida social, inmersa en una cultura que contiene en sí, un sistema de ideas, un universo simbólico y un mundo artificial.  Cabe entonces preguntarse cuando comenzó el proceso de poshumanización. ¿Con el Smartphone, las redes sociales o con la cuchara?
Más allá de lo sustantivo de la pregunta, lo concreto es que analizar la relación entre el sujeto, la sociedad, la cultura y dentro de esta el conjunto de conocimientos que permitieron el desarrollo de un mundo artificial a partir de la transformación de los modos de producción, es un fenómeno imposible de abordar por separado, o intentar establecer sus límites desde la confrontación de pares dialécticos antagónicos.
La idea de poshumano nos lleva al concepto de posmoderno (Lyotard, 1924-1998).Lo posmoderno implica el fin de los metarrelatos que legitiman una cosmovisión y con ella una verdad. Se renueva la polémica, que Jürgen Habermas (1929) y Peter Sloterdijk (1947) suscitaron, respecto de la vigencia del humanismo como modelo de "civilización" del género humano. Lo poshumano ha vuelto a poner en actualidad un tema crucial para el “estar” del hombre en el mundo.
¿Podemos plantear el fin de la era del antropocentrismo solo porque algunas zonas límites de los actos y pensamientos humanos exceden la capacidad crítica del humanismo tradicional, como la biotecnología, la manipulación genética, las redes sociales, la pornocultura, el panóptico virtual, la ubicuidad, el paradigma límite de la política fascista, entre otros? 
Donde hay crítica racional hay humanismo, ¿Podemos preguntar si quedó algo de crítica racional en el llamado posmodernismo, o modernismo tardío (Según Habermas)?
El cine contemporáneo plasma su proyecto “anticientificista” como la leyenda principal de su metamensaje. Sin embargo, en escenarios que podemos convenir en llamar “posmodernos”- donde el hombre perdió la centralidad-, se plantean en el fondo, críticas racionales que pretenden ampliar el foco del humanismo hacia nuevos modelos explicativos más abarcativos. Denuncia desigualdades, reclama consciencia y pide explicaciones
La polémica no se dirige contra el hombre sino que arremete contra su historicidad racional. Y es aquí donde la tecnología surge como elemento nuevo que confronta lo humano. 
El mito del hombre en la naturaleza, el buen salvaje, fue holgadamente superado en las ciencias sociales. En la actualidad se discute el proceso de angustia por la condición humana de un sujeto bio-psico-social, que existe en un entorno tecnológico, fusionado con su obra. Un mundo artificial, que amenaza al hombre y lo vuelve dependiente.
El cine ha sido el espejo que más ha reflejado esta angustia. Inmerso en  un clima “científico” que señala lo tecnológicamente posible, se abre el imaginario del mito, donde “lo humano” lucha contra la pérdida del control de su obra.
En una gran cantidad de films se encuentran relatos de esta angustia, la cual se pone de manifiesto en obras que registran desde la otredad de seres mecánicos hasta la subsumisión del hombre en la Red virtual. 
A modo de ejemplos:
Encontramos seres mecánicos en:
Metropolis ( F. Lang, 1926)
El día que paralizaron la tierra (R. Wise, 1951)
2011 Odisea en el espacio (Kubrick, 1968)
La guerra de las galaxias (G Lucas, 1977)
Seres biotecnológicos en:
El golem (Galeen y Boese, 1920)
El doctor Frankestein (Whale, 1931)
Terminator (J. Cameron, 1984)
El hombre bicentenario (C. Comumbus, 1999)
Inteligencia artificial ( Spielberg, 2001)
Prótesis corporales y mentales en:
RoboCop ( P. Verhoeven, 1987)
Matrix (Washowski, 1999) 
El vengador del futuro (Verhoeven, 1990)
Avatar ( J Cameron, 2009)
Esta búsqueda y el protagonismo recurrente de este tema nos lleva a suponer que, a pesar del corrimiento de hombre como centro, de la muerte del sujeto, sigue presente el intento de abordar y explicar, humanamente -única posibilidad por cierto-, la compleja relación del hombre contemporáneo inmerso en su obra.

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