Una alucinasión colectiva



Una alucinasión colectiva

Hermes hijo de Zeus y Maya, dios olímpico mensajero
de las fronteras y los viajeros que las cruzan.
También de los oradores y el ingenio, de la astucia
de los ladrones y los mentirosos.
Jefe de los sueños, espía nocturno, guardián de las puertas
y emisario del inframundo.

Heraldo de los dioses, hermeneus (έρμενευς), un intérprete que cruza las fronteras acompañando a los mortales, que descifra los significados ocultos, que construye realidades caprichosas y engañosas
Hermes es un tramposo deificado capaz
de construir mundos imaginarios, de ensoñación.

Como heraldo sabía mostrarse prudente, discreto y circunspecto.
Era, así también, el dios de la prudencia y la habilidad
en todas las relaciones de intercambio social.

Hermes continúa guiando a los mortales entre mundos de ensoñación,
nada es lo que parece, diría Cheshire el gato sonriente de
Alicia en el País de las Maravillas.

Hermes se vale de nuevas y complejas herramientas
donde nuestra consciencia es una operación funcional, que nos conecta
con una realidad externa inexistente,
una virtualidad real.

Análogamente a un ordenador conectado a Internet, vivenciamos
como reales las redes sociales que constituyen un imaginario colectivo, nuestra Mente Social.
“La consciencia es funcional, no sustantiva; y en cualquiera de los principales sentidos del término debe ser ubicada en el mundo objetivo, antes que en el cerebro; pertenece al medio en que nos encontramos, o es característica de él. No obstante, lo que está ubicado en el cerebro, lo que se lleva a cabo en él, es el proceso fisiológico por el cual perdemos y recuperamos la consciencia” (Mead, 1934/1962:112)

Desde los más remotos orígenes del pensamiento, el hombre intentó conocer la esencia última de las cosas para dominarlas y ponerlas a su servicio.

Desde los antiguos cosmólogos griegos que entendían el universo
compuesto de tierra, agua, fuego, aire, ya intuían la presencia de un factor estructurante entre el caos y el orden:
Un arjé. άρχή

Tales de Mileto supondrá que el arjé es el agua; Anaxímenes el aire,
Anaximandro lo identificará con el Apeiron. Para Pitágoras el arjé eran los números.

En un largo devenir y hasta no hace mucho tiempo, las ciencias naturales proponían que la totalidad del ser de las cosas estaba compuesto de energía y materia.

Actualmente se ha incorporado la información como un tercer componente que actúa de ordenador estructurante, presente en la esencia de toda sustancia.

Surgen así conceptos como sinergia –un todo mayor a la suma de sus partes– que conduce a pensar la existencia de las cosas, a partir de una interacción de partes, ordenada por una estructura jerárquica dinámica. Lo intangible, lo invisible va tomando el centro de la escena.

Estructura dinámica y red
son ideas que rápidamente se aplican para explicar una gran cantidad de fenómenos en todos los campos de conocimiento.
Este formato constituye un nuevo paradigma cuyo principal beneficio es incluir aspectos antagónicos o contradictorios de los fenómenos analizados, incorporando una visión relacional y dinámica a sucesos antes analizados como estáticos y aislados.

Así, aspectos antagónicos como naturaleza-cultura,
conflicto-función, real-virtual, entre otros se funden en una
Filosofía del devenir.

La información y la comunicación se erigen como los ordenadores
de ese devenir, la realidad es ahora interpretada, atravesada por el tiempo, es una construcción anclada al lenguaje;
que no escapa a estructuras taxonómicas
cada vez más abstractas y complejas.

La realidad vive en el lenguaje.
La lectura de la realidad se vuelve una cuestión de
Códigos a descifrar. La gran tarea de Hermes

La torre de babel significó un acto de soberbia de los hombres
que tuvo como castigo  de los dioses confundir y neutralizar
su herramienta más eficiente
para apropiarse de la realidad:
El lenguaje.

Así el hombre, con vocación de dios que se sabe finito,
angustiado por la certeza de su propia muerte,
deambula, buscando una estrategia que le permita recuperar
los códigos perdidos.

En el lenguaje construye su Arjé,
un mundo artificial de significantes y significados,
de herramientas y artefactos que lo completan.


Así con sus prótesis tecnológicas
crea un mundo artificial, que lo trasciende y que también lo determina,
lo aliena, lo vuelve dependiente, lo que hace suponer –a veces– 
que inevitablemente
Hermes lo lleva al inframundo.

Pero, lo único que el hombre tuvo de dios creador fue su capacidad
de abstraer, de construir realidades en su mente,
mundos de virtualidades reales,
que ya están fuera de él, y que tienen entidad propia:
Una mente social,
que contiene todos los saberes,
y con ellos los artefactos que resuelven el caos babélico,
una invención que resuelve, ordena y decodifica
todos los códigos confundidos.
Que como Gaia danza en un continuo crecimiento
y se convierte en su máxima invención:
La red de redes.

Un entramado que desdibuja los límites entre el hombre y su obra,
el sujeto se funde en un nuevo ser colectivo, así se hace válida la analogía:
“La psiquis individual es a un ordenador
como la mente social es a la Red de Redes”.
Y corre la discusión del Ser, al Ser Percibido.
Transitar este planteo conduce necesariamente a una definición de sujeto que toma distancia del sujeto cartesiano, donde según sostenía René Descartes, el ser humano está constituido de dos partes separadas. La res extensa –lo material, lo físico– y la res cogitans el espíritu, la mente, el alma.

Este trabajo propone una concepción del sujeto como un ser Bio-psico-social, en un entramado complejo, donde ninguna de las partes
puede comprenderse sin el todo. Intentando además llegar más allá,
donde el sujeto se funde con su obra.
El hombre y el mundo artificial son parte de esta
realidad compleja y caótica.

Pensar la psique sin el cuerpo, sin el contexto cultural y social
donde se desarrolla, parece ser un recorte poco apropiado,
al menos desde una visión operacional, donde
la operación modifica la estructura y las partes.

Lo físico, lo que comúnmente llamamos cerebro equivale al hardware;
lo psico, donde construimos lo axiológico, lo bueno y lo malo, la trama
que indica los caminos a tomar, el conjunto de mandos respecto de
“qué hacer si sucede A”, equivale al conjunto de mandos binarios
informacionales contenidos en el software, y por último el conjunto
de interacciones que hacen interactuar a los anteriores, lo social
puede homologarse a la red de redes, convirtiéndose
así en una máquina no trivial
[1]

Donde el producto de la operación modifica el sistema que lo produjo,
lo material se funde con lo inmaterial, la psiquis con el somas.
Nos resulta relativamente fácil aceptar, si interpretamos el fenómeno como un todo, que la información y el conocimiento que circula por la Red de Redes impacta y constituye la información que circula en nuestro software y finalmente que la modificación de éstos deviene en la transformación del hardware. Descifrar una analogía hacia los fenómenos sociales, entre el hombre y la tecnología es aventura y desafío del pensamiento complejo: realidades, sistemas que se construyen y transforman a sí mismos.
Mundos imaginarios y de ensoñación convertidos por Hermes
en una virtualidad real.




[1] Heinz von Foerster (1911-2002, Viena, Austria. Científico y cibernetista. Desarrollo de la teoría del constructivismo radical y la cibernética de segundo orden. Distingue entre máquinas triviales y no triviales según el grado de predictibilidad presente en un sistema. La máquina trivial es un modelo prototípico altamente predecible, en el que a iguales valores de entradas se obtienen los mismos resultados, funcionando con independencia de la historia y la experiencia. La repetición y la previsibilidad son los rasgos más notables de estos sistemas. En cambio, una máquina no trivial se caracteriza por su imprevisibilidad respecto del entorno, porque se comportan con un alto nivel de complejidad interior. Estos sistemas tienden a producir respuestas diversificadas y evolucionan constantemente.

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