A falta de pan, circo y cepo cambiario.

O sea, digamos:  hay cepo para rato. 

El ministro de Economía, Luis Caputo, detalló su plan para eliminar el cepo al dólar y dijo que hacerlo a seis meses de haber asumido sería "inapropiado".




Cepo es la palabra coloquial para nombrar lo que los economistas llamamos “restricción a la libre movilidad de capitales”. Se refiere a la posibilidad de cambiar libremente moneda local por moneda extranjera. Si hay un cepo y no se puede comprar dólares con los pesos, entonces tampoco es posible sacar los ahorros del país. Lo mismo le ocurre a las empresas, en particular las extranjeras, que no pueden por ejemplo remitir utilidades y dividendos a sus casas matrices.

No obstante, como suele suceder en economía, “hecha la ley, hecha la trampa”. La prohibición a la compra de divisas crea de manera automática un mercado informal (Ilegal)  y un tipo de cambio adicional más elevado que el oficial. Estamos hablando del dólar blue. Pero también se puede adquirir moneda extranjera de manera legal a través del mercado financiero. La operación suele ser a través de los bonos de la deuda argentina ( AL30 ) que cotizan tanto en pesos como en dólares. Primero se compra un bono con pesos, luego se vende el mismo bono contra dólares. Si los dólares quedan depositados en una cuenta nacional, estamos hablando de dólar MEP; si los dólares quedan en una cuenta extranjera, nos referimos a dólar CCL. Como suele haber más interés en sacar dinero del país que en entrarlo, el tipo de cambio CCL tiende a ser más elevado que el MEP. Su diferencia marca el costo de sacar dinero del país.

Pero, cual es el costo para la ecomía argentina de mantener el cepo.  Primero y principal, genera que la moneda extranjera tenga más de un precio en moneda local o, lo que es lo mismo, que haya más de un tipo de cambio. 

El problema de que un bien o activo tenga más de un precio es que incentiva comprar al precio bajo y vender al precio alto, obteniendo una rentabilidad inmediata casi sin riesgo, (bicicleta financiera) desviando los esfuerzos de muchas personas y empresas en lo que realmente genera riqueza y bienestar que es el trabajo y las inversiones productivas. 

Pero no todos tienen el permiso de comprar al precio barato. Quienes están en condiciones varía según la regulación financiera. Por eso se habla de que hay cepos más blandos y cepos más duros, según cuántas personas y en qué cantidad tienen ese acceso.

Los importadores pueden acceder al dólar oficial, pero en momentos de mucha escasez de reservas se frenan las importaciones restringiendo el acceso a los dólares. 

Argentina había recuperado en 2016 el acceso a los mercados financieros internacionales con un nivel de deuda pública muy bajo y el endeudamiento fue tan acelerado que tan solo dos años después lo volvió a perder. En ese contexto, la corrida cambiaria había triplicado el tipo de cambio oficial en poco más de un año y la inflación se disparó a más de 50% anual. Así, el gran error macroeconómico no forzado en menos de 10 años no fue aplicar el cepo, sino el ritmo de endeudamiento y haber acudido al FMI. De hecho, el cepo se debería haber aplicado antes, de forma que el préstamo del Fondo no se utilizara para financiar la salida de capitales. Eso nos hubiera dejado en mejores condiciones para una salida posterior y, de paso, también nos ahorrábamos el reperfilamiento de la deuda pública en moneda local, una nueva ruptura de contratos que afectó a quienes apostaron por el peso.

Que no haya pesos para demandar dólares, pero con qué costo humano?

La salida del cepo de 2019 iba a ser más difícil y costosa por dos motivos. Primero, por la profundización de la escasez de dólares, reflejada en las bajas reservas, el exigente calendario de vencimiento de la deuda con privados y el FMI y que los mercados internacionales de deuda se encontraban cerrados.

 Para salir del cepo es necesario que el Banco Central tenga “poder de fuego” para que la devaluación no sea excesivamente fuerte y espiralice los precios.O que este dispuesto a asumir los costos de una devaluación desmedida.

 Segundo, justamente por la mayor inflación. Si bien hay una conversación abierta acerca de qué porcentaje de los precios se definen al tipo de cambio oficial y cuál al paralelo, lo cierto es que la historia argentina muestra que la salida de un control de cambios es siempre inflacionaria. No es lo mismo aplicar un shock de precios a una inflación del orden del 25% anual que del 50%.

En ese contexto, ningún gobierno estuvo dispuesto a asumir los costos y riesgos de la salida del cepo. Por eso se llegó a la situación de reservas netas negativas, inflación de casi el 300% anual y una deuda externa que se reestructuró en 2020 y cuyos pagos de 2025 lucen muy desafiantes. 

Milei no solo prometió una salida del cepo, sino también una dolarización (luego devenida en competencia de monedas). Sin embargo, todavía no pudo hacer ninguna. El motivo es el de siempre: para hacerlo se necesitan dólares y no se cumplió ninguna de las promesas de fondos frescos del exterior. En ese sentido el cepo muestra sus contradicciones internas y la dificultad de salir de él. Como decíamos, frena la hemorragia pero no interrumpe la pérdida de reservas, menos aún posibilita la acumulación.

Si bien desde su asunción el gobierno ha conseguido acumular reservas, las netas todavía son negativas y lo hizo a costo de seguir endeudando en dólares tanto al sector público (vía el BOPREAL ) como al privado (vía deuda de importadores). Actualmente, más allá de que la cosecha gruesa se está demorando, el Banco Central no está acumulando la cantidad esperada para el segundo trimestre. Una vez superado este período, la capacidad de acumulación se verá reducida por la caída estacional de las exportaciones, la normalización del pago de importaciones (más aún si el nivel de actividad encuentra un piso) y las exigencias del pago de la deuda. En este marco, la apuesta del gobierno se centraría en los dólares que podría traer el blanqueo y el RIGI, pero el primero -si bien incentiva- no obliga a ingresar los dólares al sistema financiero argentino y el segundo tampoco obliga a ingresar los dólares de la inversión a través del Banco Central y además puede demorar en tener impacto. En resumen, es muy poco probable que se alcance el nivel necesario de reservas para sacar el cepo.

En el medio, apuesta a que la inflación se acerque al crawling peg del 2% mensual, de forma que el tipo de cambio no quede muy atrasado y provoque que la salida del cepo tenga que ser con una fuerte devaluación

Recordemos que una brecha baja (Hoy 24%)no significa que estemos cerca de salir del cepo ni que una eventual salida sería al tipo de cambio paralelo y no más arriba, porque incluso los mercados paralelos están regulados.

Ante la ausencia de dólares, la estrategia del gobierno parece estar siendo secar la economía de pesos. Bajo esa lógica se puede entender el shock para alcanzar el superávit fiscal y la fuerte reducción de la tasa de interés de los pasivos remunerados del Banco Central, las dos fuentes de emisión más importantes de los últimos años. 

No obstante, hay que tener cuidado. Hace poco tuvimos una experiencia de corrida cambiaria con pocos pesos, fue la de 2019 después de una estrategia de base monetaria constante. Eso nos debería dejar una enseñanza: cuando las expectativas de devaluación son importantes, no hacen falta muchos pesos para hacer saltar el tipo de cambio. De hecho, con que haya activos en pesos es suficiente, por más que se reduzca la base monetaria, siempre habrá acciones y bonos públicos y privados en pesos que podrían venderse para adquirir moneda extranjera.

Ninguna estrategia está exenta de costos. Mantener el cepo impide estabilizar la macro; liberarlo generaría un salto cambiario que interrumpiría el incipiente proceso de desinflación. Una alternativa sería ir relajando las restricciones y tanteando la respuesta del mercado en la cotización de los paralelos de modo de identificar cuál sería realmente el valor de un tipo de cambio más libre. Hasta que el proceso de desinflación no sea sin cepo, la batalla no solo no estará ganada, sino que no estará siquiera librada. En ese sentido, ante la pregunta de si estamos o no en un plan de estabilización, la respuesta es unívoca: mientras haya cepo, no podemos hablar de plan de estabilización sino de estrategia para eliminarlo.



El BOPREAL (Bono para la Reconstrucción de una Argentina Libre) es una herramienta financiera del Banco Central de la República Argentina (BCRA) que entrega a los importadores para que regularicen sus deudas en dólares. El BOPREAL busca regularizar la deuda que el BCRA tiene con los importadores y reactivar el comercio internacional.

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