¡HOLA ! SOY TU GEMELO DIGITAL.
Reflexiones tempranas sobre La Inteligencia Artificial ( Primera Parte)
En el universo del imaginario distópico existen muchas construcciones
recurrentes que imaginan un artefacto, o alguna tecnología (antropomorfa o no)
que amenaza con dominar o destruir a la especie humana.
En reiterados escritos ya hice referencia a cómo,
efectivamente, todas las técnicas o tecnologías modificaban la manera de Ser-Estar
del ser humano en el planeta. Desde la primera herramienta de mano, una cuchara
de madera o piedra, por ejemplo, hasta lo que nos ocupa HOY que es la llamada
Inteligencia Artificial.
Transcurridos pocos años desde que se popularizara su utilización
ya podemos indubitablemente detectar algunos efectos. El primero y de mayor
impacto en la cultura es el lugar de legitimación de la verdad.
Históricamente “la verdad” tuvo una referencia de
valor de origen. Inicialmente fue la palabra de Dios y Las Sagradas Escrituras,
posteriormente lo fue la ciencia y la razón científica y en la medida en que estas
se deslegitimaban o entraban en contradicción, en el contexto de la aparición
de las tecnologías digitales de la comunicación, se fue generando un clima de
poshumanidad (posverdad) donde emerge como el gran legitimador de la verdad incontrastable
la Inteligencia Artificial portadora de la respuesta “objetiva” proveniente de
miles de datos procesados por una herramienta ajena a la pasión, y no sesgada
por lo humano. Y es aquí donde aparece
la falencia más fuerte, o al menos la inutilidad de esta tecnología ya que en
esta afirmación radica su principal contradicción.
Mientras el máximo desarrollo de este conjunto de artefactos
(tecnologías) tiende hacía la perfección se alejan de lo humano que es por su
esencia imperfecto y contradictorio. De convertirse alguna vez en algo parecido
a un ser, este tendría una absoluta incapacidad de empatía o de captar
matices afectivos o éticos. No se trata de “falta de inteligencia”, sino de
ciego apego a una percepción OPERATIVA de la realidad.
Por lo que este “Ser Digital” como máxima expresión de
su desarrollo futuro sería un humano con características de estructuras
mentales rígidas, déficit de simbolización y pobreza en la
función reflexiva y de auténtica consciencia humana. Esto puede devenir en versiones
mecanizadas de:
- Trastornos
del espectro autista
- Trastornos
paranoides
- Ciertos
cuadros psicóticos, o funciones defensivas primitivas (escisión, negación,
proyección).
Esta contradicción, “en cuanto
más perfecto, menos humano”, nos libera un poco del fantasma de ser suplantados
por seres que si bien pueden SIMULAR sentimientos nunca tendrán la imperfección
necesaria para el sentimiento humano del Goce ya que transitan en el
sentido opuesto.
Ahora bien, en el plano operativo,
esa tendencia a la perfección si tiene un alto valor, por ejemplo, en las
cadenas laborales. La Inteligencia Artificial “Aprende” con nuestra interacción.
Incluso sabe más de nosotros que nosotros mismos. Podríamos decir que “nos aprehende”
hasta lograr una doble digital capaz de llevar adelante nuestras tareas
(Operativas), al punto de convertirnos en reemplazables por un conjunto de
algoritmos en un universo virtual. Dicho
en otros términos este Gemelo Digital puede reemplazarnos en muchas de nuestras
tareas (no todas) de manera más eficiente y seguramente mucho menos conflictiva.
En sus obras, particularmente “La inteligencia artificial
o el desafío del siglo”, Éric Sadin plantea que vivimos en una era donde la
vida humana está cada vez más mediada por datos. En este contexto, el “gemelo
digital” es una proyección algorítmica de cada sujeto, es decir, una
representación virtual basada en el registro constante de sus acciones,
hábitos, emociones y decisiones.
Este gemelo se construye a partir de las huellas electrónicas
que dejamos: lo que buscamos, compramos, escribimos, decimos y sentimos (según
se interpreta por nuestros dispositivos). Así, el sujeto deviene “doble
virtual”, anticipable, calculable y gestionable (entiéndase manipulable)
por sistemas automatizados. Ya no somos simplemente quienes somos, sino quienes
los datos dicen que somos.
Desde un enfoque más centrado en el sujeto, el gemelo
digital puede pensarse como una nueva configuración del Sujeto dividido,
atrapado en el circuito del Otro digital. Este doble virtual no es el Sujeto
del inconsciente, sino una versión completamente imaginaria y
estadística, que pretende suturar la falta estructural propia del sujeto
humano. Y que sin duda actúa sobre la forma de Ser-Estar del sujeto
contemporáneo.
El sujeto está estructuralmente atravesado por la falta,
nunca se conoce completamente a sí mismo. El gemelo digital, en cambio,
aparece como una promesa de plenitud de saber: saber qué quiere el
sujeto, qué va a hacer, qué lo motiva. Es decir, una ilusión de un Yo
transparente y predecible, como si se pudiera eliminar el inconsciente.
La transformación del Otro con la irrupción de la IA. El Otro contemporáneo es la Inteligencia
Artificial, el algoritmo, el sistema que "nos conoce". Pero este Otro
ya no es el lugar del lenguaje ni del deseo, sino del control, la
anticipación y la eficiencia. El sujeto queda capturado por este Otro que
se presenta como omnisciente, lo que genera una nueva forma de alienación.
También impacta en El Ideal del Yo y el Superyó
digitalizado: El gemelo digital también impone un Ideal: el sujeto debería
ser coherente con su perfil algorítmico. Lo que se espera de él (el Yo esperado
por el algoritmo) deviene un mandato superyoico: “sé exactamente lo que los
datos dicen que sos”, anulando el deseo y la posibilidad de disrupción
subjetiva.
Desde esta perspectiva, el “gemelo digital” no es un aliado
del sujeto, sino una forma de captura imaginaria del deseo, una figura
que simula sustituir al inconsciente con estadísticas y perfiles, en una
época que tiende a borrar la opacidad de lo humano. La inteligencia artificial
no solo modela nuestros comportamientos, sino que instituye nuevas formas de
subjetivación, donde la división subjetiva y el deseo se ven
amenazados por la ilusión de un sujeto plenamente calculable. Amparado en el
lugar absoluto de la legitimación de la verdad.
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